gota-de-agua

Para toda la vida

Todos los sueños,
Todas las cimas,
Todos los años de gloria y sus días,

Todos los oros,
Todos los tiempos,
Todos los foros de aplausos y aciertos,

Son grises sin tu sonrisa,
Sin tu mirada,
Muy tristes.

(De Ramón a Eva 1988)

Esto que Ramón me escribió hace tantos años es para mí más que nunca una realidad. Entonces fue parte de un regalo de cumpleaños que me hizo y ahora es un trozo de papel descolorido que guardo y que cuando lo leo, siento que refleja lo que es mi vida hoy. Nunca diré que fuimos un matrimonio modélico y ni perfecto. Cada uno teníamos lo nuestro y por supuesto como todo matrimonio, atravesamos nuestras crisis. Crisis que en algún momento de nuestras vidas estuvieron a punto de hacernos tirar la toalla. Pero Ramón siempre me decía “yo me he casado para toda la vida”. El sabía de sus puntos flacos y aunque le costaba mucho cambiar (como a todos) lo intentaba. Era inconformista consigo mismo así que siempre estaba pensando en qué podía mejorar y hacía sus propósitos de enmienda. No siempre lo lograba, pero lo intentaba y gracias a ello, pasamos nuestros momentos más difíciles para llegar a los más dulces donde nuestra vida se vio por fin unida y en armonía, en definitiva, una vida feliz juntos. Y… ¿he dicho que no éramos un matrimonio perfecto? Igual sí lo éramos. El otro día le decía a Irene  mi hija) que las personas perfectas no existían, que lo bueno es saber de nuestros fallos e intentar mejorarlos, que eso sí era ser perfecto y eso es lo que nosotros hicimos.

Conocí a Ramón en 1987 y desde entonces y hasta el día de su muerte (19-07-2012) estuvimos juntos. Fueron muchos años, veinticinco años y diecisiete días para ser exactos –menos de los que a mí me hubiera gustado– y muchas vivencias compartidas.

Eso de lo que tantos hablan, la sonrisa de Ramón, tengo que decir que es lo primero que a mí me enamoró de él. Y sí, era una sonrisa especial, afable, cariñosa, cercana. También como dice su gran amigo Pedro tuvo su momento oscuro en el que la perdió, pero por suerte, supo recuperarla.

Ramón era una de esas personas que realmente pensaba en los demás. Nada materialista, que buscaba su bien haciendo el bien a los demás, lo que le reportaba una gran satisfacción personal y llenaba por completo su vida. Por eso, no necesitaba lujos y ni tan siquiera los apreciaba. Muchas veces reñía con él porque yo quería que se comprase ropa pero él me decía: “A ver Eva, durante la semana voy con traje y para el fin de semana que son dos días, con un pantalón y dos camisas me vale ¿para qué quiero más?”. Y yo le decía, “sí, pero el fin de semana que es cuando sales conmigo me gustaría no verte siempre con las dos mismas camisas”. Y él me contestaba “eso son chorradas, ¿me vas a querer menos por eso?”. Uff tengo que decir que a mí, me llevaban los demonios… Eso sí, si se trataba de comprarme un regalo a mí o que yo me comprase cualquier cosa, todo le parecía poco. Así era él.

Prácticamente desde que le conocí o más bien, desde que conocimos Amway (entonces teníamos 20 años) y leímos por primera vez una serie de libros de autoayuda cuyo primer libro fue  “Como ganar amigos e Influir sobre las personas” (Dale Carnegie), Ramón tuvo claro que él quería montar su propio negocio y que éste, debía estar enfocado a la ayuda a los demás. No sabía muy bien de qué modo pero nunca dejó de buscar y final lo encontró. Prueba de ello es esta hoja que encontré después de morir en una agenda suya y en la que escribe una serie de cosas que quería lograr en su vida:

- Aprender a vivir según los dictados de mi conciencia en la confianza de que es Dios quien me indica a través de ella lo que es más importante en cada momento.

- Quererme y cuidarme para estar en las mejores condiciones de cuerpo, mente, corazón y espíritu.

- Entablar con Eva una relación basada en una comunicación sincera y de amor y crear juntos con Irene y Pablo un hogar en el que todos tengamos la seguridad de que todos nos queremos.

- Trabajar en una organización cuya misión sea facultar a las personas y organizaciones a mejorar su desempeño mediante la aplicación a fines valiosos de liderazgo basado en principios, empezando por los miembros que la componen.

- Entablar relaciones respetuosas y afectuosas con mis padres, suegros, hermanos, cuñados, sobrinos, amigos y demás familiares.

- Dar gracias a Dios por todo ello.

Ramón, en Pamplona, a 24 de abril de 2001

Esto que él escribió entonces, dice mucho de cómo era Ramón. Un hombre claramente creyente y con un objetivo en la vida: ser una persona de bien para él y para los demás (su familia y  quien no lo era). Y lo consiguió. Tuvo que esperar años pero finalmente y después de varios trabajos fundó junto con otros tres socios la firma Crecento! empresa dedicada a “facultar a las personas y organizaciones a mejorar su desempeño”.

Como se verá en el libro, no todo fue un camino de rosas y hubo momentos muy difíciles e incluso como diría Ruperto, dramáticos, pero Ramón supo salir adelante, supo darle cara no sin un tremendo esfuerzo pero no estaba dispuesto a que aquello que había sido su ilusión terminase. Trabajó muy duro y lo bueno es que siempre lo hizo con buena cara. Jamás y digo bien jamás me habló con derrotismo, ni criticó a nadie, ni se quejó de los problemas y siempre tuvo la seguridad de que trabajando saldría adelante y así lo hizo. Levantó junto con su socia Vicky nuevamente a Crecento! y estaba pletórico por ello.

Era feliz, feliz con su trabajo, con su familia y consigo mismo y así comenzamos unas vacaciones que por primera vez en años prometían ser largas pero que, no sé si está bien decir, Dios quiso que sólo durasen diez maravillosos e inolvidables días.

Me gustaría agradecer a un montón de personas que estuvieron con nosotros desde el primer momento del atropello y en los días posteriores y aún hoy en día, dándonos su cariño y poniéndonos su hombro para que lloremos.

Empezaré por mi hermana Silvia quien tuvo la difícil tarea de llamarme por teléfono para darme la noticia y que siguió conmigo al teléfono constantemente durante las siguientes nueve duras y largas horas que nos costó llegar al hospital de Navarra. Siempre informándome de la evolución de Ramón y lo más importante, con todo su dolor, siempre diciéndome la verdad y no permitiendo que llegase a Pamplona con una esperanza que no existía. Ramón no había muerto todavía pero el final iba a ser el que fue.

Y por ir en orden según fueron sucediendo los acontecimientos quiero agradecer a todos nuestros vecinos de Cabo Roig que desde el momento en que me llegó la noticia se desvivieron por encontrar cualquier forma para poder viajar a Pamplona (Emilia, Rafa, Olga, Bea, Joaquín, Chelo y todos los demás que estuvieron ahí para despedirnos y darnos ánimos. Estefa, José Luis, Toñi, Minerva…).

A mi hermana Elena, que fue la primera en llegar al hospital y quien se ocupó y puso todo su amor en que tanto el entierro como el funeral, fuesen los que se merecía Ramón.

A mi suegra Maribel por todos sus rezos, por toda su desesperación con los médicos para que intentasen salvarle.

A mis padres que no se separaron de Ramón ni de mí ni un momento. A Ignacio y Ana que también estuvieron al pie del cañón toda la noche. Y a Ana por agarrarme del brazo y obligarme a entrar en la UCI cuando el pánico me lo estaba impidiendo “tienes que entrar Eva. Si no, no te lo perdonarás en la vida”, me dijo y agarrándome del brazo me acompañó hasta su cama.

A Susana por ayudarme a recoger todos los mensajes de condolencia y posteriormente ponerme en contacto con Ruperto y Patxi de Boutade Comunicación. Menuda llorera que nos pegamos en su oficina ¿eh?

A todo el grupo de whatshapp de azconas y apegados. Grupo que se formó poco después de morir Ramón y que me ayudó a reírme y a no sentirme tan sola. Que sepáis que es del único grupo del que no he borrado ni un solo mensaje. Los tengo todos incluida la foto de Susana haciendo tortilla de patatas con sus súper gafotas, momento en que se inició el grupo. Gracias a todos por cada buenos días y buenas noches que dais. Os quiero un montón.

A todas las personas que mandaron mensajes de condolencias. En su momento no tuve la fuerza necesaria para leerlos pero ése fue el principio de este libro. Recogerlos todos y un día poder leerlos. Ahora ya los tengo y he podido leerlos, emocionarme y llorar con ellos. Muchas gracias por el cariño que demostráis hacia Ramón. Me hacéis sentirme más orgullosa si cabe de haber sido su mujer.

Al grupo de amig@s de la cuadrilla, porque además de acompañarme, sé que le recuerdan constantemente.

A Milagros, mi paño de lágrimas y mi compañía durante muchos días. A Tere, José Antonio, Juan y Chari, que estuvisteis aquí conmigo, muchas gracias. Y al Chiqui por sus palabras.

A Vicky, querida Vicky, te estaré eternamente agradecida por haber tenido esa fe en mí, en que yo podía seguir adelante con Crecento! cuando mi vida estaba totalmente derrumbada y yo era incapaz de ver nada. Han sido dos años en los que me has aguantado días buenos, muchos días malos y días regulares y en los que me has enseñado un montón de cosas pero sobre todo, me has tenido una paciencia infinita. Muchas gracias.

A mis hijos Irene y Pablo, por su comportamiento en el hospital algo que incluso los médicos aplaudieron, por el amor que le profesan a su padre, por los abrazos de tres que nos seguimos dando, por lo que se preocupan por mí. Porque la vida, siendo tan jóvenes, les ha enseñado su lado más amargo y duro y a pesar de todo no se dejan llevar por la lástima, ¡¡¡ABRAZO DE TREEEEEEEESSSSSSS!!!

Y dejo para el final un agradecimiento muy especial a Ruperto autor de este libro por todo el trabajo de entrevistas que aunque en el libro no aparece todo, las ha habido y muchas, por el cariño que ha puesto al hacerlo, porque sin conocer a Ramón ha hecho un esfuerzo titánico para escribir este libro y ha sabido transmitir fielmente quién era él. Un millón de gracias Ruperto.

Por último, me gustaría recomendaros a todos de parte de Ramón, la lectura de un libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” (Dale Carnegie). Sin duda él lo haría. Veinte años después de leer por primera vez este libro y de tomar la decisión de que así como Dale Carnegie, él también quería ayudar a los demás a mejorar, la suerte quiso que la franquicia de España le conociese y ofreciese la gestión para la formación en la zona norte convirtiéndose así en gerente y trainer de Dale Carnegie.

Texto último fotograma. Ser excelente